Sé que no es mucho lo que te pido,
y, cuando vuelvas a ver tus hijos,
toca sus manos suaves y tibias,
piensa es las otras y, si te alivia,
llora la pena que te ha quedado
y la alegría de haber brindado
esa caricia a un inocente
que, de repente, se te ha cruzado
palmas arriba manitos sucias,
una esperanza... una moneda
solo nos queda decirle gracias!
pues, tan chiquito, nos ha enseñado
a ver la vida del otro lado:
la de los niños desamparados.
y, cuando vuelvas a ver tus hijos,
toca sus manos suaves y tibias,
piensa es las otras y, si te alivia,
llora la pena que te ha quedado
y la alegría de haber brindado
esa caricia a un inocente
que, de repente, se te ha cruzado
palmas arriba manitos sucias,
una esperanza... una moneda
solo nos queda decirle gracias!
pues, tan chiquito, nos ha enseñado
a ver la vida del otro lado:
la de los niños desamparados.
Buenas noches, Victoria. A ver si me desengancho. Un saludo.
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