En 1791 la Academia Francesa de Ciencias definió conceptualmente el metro como la diezmillonésima parte de un cuadrante del meridiano terrestre, superando con ello las medidas tradicionales de base anatómica como el codo, la pulgada, el pie o la braza, al tomar la Tierra como referencia. A pesar de las evidentes ventajas de utilizar un patrón común de medida, no gozó de una aceptación inmediata, en parte por la resistencia a cambiar los métodos tradicionales de medida, y en parte por el origen revolucionario, que suscitaba no pocas reservas.