Hola, Victoria, tú siempre tan amable. No me extraña que te aprecie tanta gente. Pues ya ves los chavales de mi
calle, allí en
Soria, las trastadas que hacíamos. Pero sin causar daño, que conste. Y es que cuando nos vamos haciendo mayores a veces nos volvemos cascarrabias y se nos olvida que antes también fuimos niños.