Cierto, eras una nena…un linda nena, le responde José Antonio mientras besaba sus dedos para luego pasar las manos de Gabriela por su ajado rostro…
- Te amo, le dice, él
- Yo también te amo, pero tengo miedo, le responde ella…
José Antonio era hijo de un diplomático peruano comisionado en Argentina. Gabriela, por su parte, era la última hija de una familia de origen italiano de costumbres muy
conservadoras. Apenas se enteraron de que su nena estaba en amores con un compañero de escuela la cambiaron de Colegio.
El argumento: ¡Aún no tienes edad para enamorarte! Le dijeron.
Al culminar el año, la familia de José Antonio regresó a su país.
Desde entonces poco o nada supieron de cada uno.
Ella se casó, tuvo hijos y enviudó. Él también se casó, tuvo hijos y se divorció.
Pero ahora, Gabriela de 64 primorosos años y José Antonio con 67 otoñales años bien llevados, debían enfrentarse a la oposición -e incomprensión- de sus hijos:
- Te amo, le dice, él
- Yo también te amo, pero tengo miedo, le responde ella…
José Antonio era hijo de un diplomático peruano comisionado en Argentina. Gabriela, por su parte, era la última hija de una familia de origen italiano de costumbres muy
conservadoras. Apenas se enteraron de que su nena estaba en amores con un compañero de escuela la cambiaron de Colegio.
El argumento: ¡Aún no tienes edad para enamorarte! Le dijeron.
Al culminar el año, la familia de José Antonio regresó a su país.
Desde entonces poco o nada supieron de cada uno.
Ella se casó, tuvo hijos y enviudó. Él también se casó, tuvo hijos y se divorció.
Pero ahora, Gabriela de 64 primorosos años y José Antonio con 67 otoñales años bien llevados, debían enfrentarse a la oposición -e incomprensión- de sus hijos: