Despertáronle luego, y temblando
de angustia y de miedo,
— ¡Ah!, ¿por qué despertar? —preguntóse
después de haber muerto.
Al pie de su tumba
con violados y ardientes
reflejos,
flotando en la
niebla
vio dos ojos brillantes de fuego
que al mirarle ahuyentaban el frío
de la muerte templando su seno