Uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd,
miraban al difunto y tragaban seco. Se quedaban unos minutos en el
más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más
profundo del alma.
miraban al difunto y tragaban seco. Se quedaban unos minutos en el
más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más
profundo del alma.