sin poder compartir su eterna soledad!
Un día, sin querer, ellos dos tropezaron.
Timidamente, a los ojos se miraron.
Hablaron pocas palabras. Unos pasos caminaron
y asi descubrieron que no podían estar separados.
Desde entonces estos dos corazones
viven radiantes, como los girasoles.
Un día, sin querer, ellos dos tropezaron.
Timidamente, a los ojos se miraron.
Hablaron pocas palabras. Unos pasos caminaron
y asi descubrieron que no podían estar separados.
Desde entonces estos dos corazones
viven radiantes, como los girasoles.