En un
rincón oscuro y absurdo
de aquel mundo de opulencia,
ignorado, olvidado y abandonado
estábame ya muriendo
cuando cayó una gran
tormenta
que me arrastró por el cemento,
y luego por la cuneta,
y al final, en un
campo sin dueño
me dejó desnudo, sin joyas,
sin hojas, herido y maltrecho.