¡Ah, qué suaves son tus labios! El beso que acabamos de atrapar es tierno y majestuoso como un gran árbol con un follaje nuevo.
En la tarde, sinfónicos los vientos tocando están, con un fragor de olas, su instrumental de árboles espesos.
Aquella tarde de mayo perecieron los mil lirios. Voy y vengo hacia los prados tan apenado, que deliro hecho pedazos de llanto y de mis llantos suspiros del destino triste canto porque muy cruel el destino... ... (ver texto completo)