venido se han a juntar al vado de Carrión,
y a la passada del río movieron una quistión:
los del rey que passarían, y los del conde que non.
El rey, como era risueño, la su mula rebolvió;
el conde con loçanía su cavallo arremetió:
con el agua y el arena al buen rey él salpicó.
Allí hablara el buen rey, su gesto muy demudado:
-«Buen conde Fernán Gonçález, mucho sois desmesurado;
si non fuera por las treguas que los monjes nos han dado,
la cabeça de los ombros yo vos la oviera
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Esso que dezís, buen rey, véolo mal aliñado;
vos venís en gruessa mula, yo en ligero cavallo;
vos traéis sayo de seda, yo traigo un arnés trançado;
vos traéis alfanje de oro, yo traigo lança en mi mano;
vos traéis cetro de rey, yo un venablo azerado;
vos con guantes olorosos, yo con los azero claro;
vos con la gorra de
fiesta, yo con un casco afinado;
vos traéis ciento de mula, yo trezientos de cavallo.»
Ellos en aquesto estando, los frailes que an allegado: