LA MALDAD
Puede que la simiente de la maldad
se pose en tu hombro, o en la mirada.
Es hechicera y duele, dando la espalda
sin causa alguna y sin notoriedad.
Puede provocar penas, dolores del corazón,
zozobra en el alma y perder la razón sin causa.
Se implanta su voluntad, y nunca se cansa.
En el interior queda presa. No tiene perdón.
Se allana, es mimosa, cruel y nada piadosa
prepotente, majestuosa, inacabable
pero nada, nada hermosa.
Su sentido es negativo e impetuoso,
y vuela muy alto y ligero, ostentosa,
perdida en su ignorancia, sin reposo.
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