Haz bien, y no cates a quién; haz mal, y guarte (Gonzalo Correas).
«Con letras de oro había de estar escrito este refrán, dino de la nobleza y caridad española, que no le he visto en otra lengua, «haz bien y no cates a quien». La otra parte: «haz mal, y guarte», aunque está en imperativo por concordar con lo primero, aquí es condicional, y quiere decir: si hicieres mal, guárdate; y debajo desto, por la consecuencia del daño que se te seguiría, amonesta que no hagas mal; que ansí como del bien se coge fruto cierto, aunque se haga a los que no pensamos ver más, ansí también del mal se recibe castigo por caminos no pensados. Es la razón que Dios está a la mira para premiar el bien y castigar el mal. Algunos, escarmentados, truecan las palabras, y dicen: «Haz mal, y no cates a quién; haz bien, y guarte»; lo primero, según leyes del mundo, porque hay muchos que hacen mal y no son castigados, y se pasean libres hasta que se lo pagan por juicio de Dios, y porque para hacer mal no son menester rodeos, y de suyo se está dicho que se deben guardar; la otra parte, «haz bien y guarte», se dice con escarmiento y aviso, por ser tan ordinario recibir daño por hacer bien, de que hay muchos ejemplos cada día, como: «Quien presta, no cobra; si cobra, no tal; si tal, enemigo mortal». Por fianzas, ¡cuántos vemos perdidos, y cuántas quejas de ingratitudes y malas correspondencias! Y ansí amonesta al que hiciere bien, mire cómo lo hace, y se abroquele para el daño, como, si fía, para pagar, (y) si da la mano a uno que se ahoga, désela de manera que se asegure primero, y tenga cuidado para que el otro no le lleve tras sí a lo hondo, y se ahoguen entrambos» (Gonzalo Correas).
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