La espiga
I
Pudiste haber escrito una canción
en el vaho sideral que dejan los aviones
o en el rapto de las rosas
para obsequiar a los cometas
Y así llegar despacio
al asesinato de mi única palabra
de mi voz de mar de cielo
hoja de atardecer que se sacude
en medio del otoño
Pudiste susurrar el sonido
que oías de las estrellas
a la hora en que soñabas ser
la joven que espera
en un pueblo perdido de volcanes
empeñada en coleccionar un alfabeto portátil
hundido en la memoria
Pudiste obsequiar margaritas
a los ojos de las muchachas tristes
tan cerca del asesinato y el naufragio
de la pureza colérica del más enfebrecido
cofre de palabras
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