-Padre, no tenga cuidado
que para que no hagan mal
todos los tengo encerrados.
El padre que vio
milagro tan grande
al señor obispo
trató de avisarle.
Acudió el señor obispo
con gran acompañamiento
quedando todos confusos
al ver tan gran portento.
Abrieron ventanas
puertas a la par
por ver si las aves
se querían marchar.
Antonio les dijo a todos:
Señores, nadie se agravie.
Los pájaros no se marchan
hasta que yo no lo mande.
Se puso en la puerta
y les dijo así:
Vaya pajaritos
ya podéis salir.
Salgan cigüeñas con orden
águilas, grullas y garzas,
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