LA NUEZ DE ARRIBA (Burgos)

Yo este verano
Foto enviada por Victoria Serna,

"Un corazón alegre le hace mucho bien al cuerpo" (Libro de los Proberbios 17, 22)
La verdadera alegría nace de la buena conciencia" (Erasmo de Rotterdam)
"Un corazón alegre le hace mucho bien al cuerpo" (Libro de los Proberbios 17, 22)
"La acción buena nos hace felices. La mala nos destruye" (Vicente Ferrer).
"Buscando el bien de nuestros semejantes encontramos el nuestro" (PLATON)
"La acción buena nos hace felices. La mala nos destruye" (Vicente Ferrer).
"Cuando se hace el bien es preciso hacerlo alegremente" (Talmud)
"Las personas buenas no mueren nunca: viven eternamente en el bien que dejan detrás de sí"
"Nunca se pierde el bien que se hace" (Fenelon)
"Cuando se hace el bien es preciso hacerlo alegremente" (Talmud)
"Nunca se pierde el bien que se hace" (Fenelon)
Si en la noche no puedes dormir, no cuentes estrellas... cuenta conmigo.
Buen sabado, ya estamos cerca de los dias familiares, diviertete, y se muy feliz, ¡con salud! besitos
Así fue. La joven bella
de tez blanca y negros ojos,
colmó los reales antojos
y el Rey se casó con ella.
¿Feliz, dirás, tal estrella,
Emelina? No fue así:
no es feliz la Reina allí
la linda persa agraciada,
porque ella está enamorada
de Balzarad el rabí.
buenas noches, Viky, rosas ¡
Si en la noche no puedes dormir, no cuentes estrellas... cuenta conmigo.
Feliz viernes Victoria, apasar buen fin de semana ya que el tiempo acompaña, a un servidor le toca currar.... haber que pasa la semana entrante, la verdad que pronto pasa el tiempo, ya tenemos que comprar los turrones, y ese villancico que te machaca y machaca en cualquier centro comercial, con ese PAPA NOEL alegrando a la gente que pasa, que mas de uno mas que alegrar de pena penita.... bueno hoy estoy negativo, espero se solucione.......
Un abrazooooo de NAVIDAD.............. y mucha alegria!.....
En tan preciada revista,
ve el Rey una linda persa
de ojos bellos y piel tersa,
que al verle baja la vista;
el alma del Rey conquista
con su semblante la hermosa,
y agitada y ruborosa
tiembla llena de temor
cuando el altivo Señor
le dice: «Serás mi esposa».
Así fue. La joven bella
de tez blanca y negros ojos,
colmó los reales antojos
y el Rey se casó con ella.
¿Feliz, dirás, tal estrella,
Emelina? No fue así:
no es feliz la Reina allí
la linda persa agraciada,
porque ella está enamorada
de Balzarad el rabí.
Unas bellas, adornadas
con diademas en las frentes,
con riquísimos pendientes
y valiosas arracadas;
otras con telas preciadas
cubriendo su morbidez;
y otras, de marmórea tez,
bajas las frentes y mudas,
completamente desnudas
en toda su esplendidez.
En tan preciada revista,
ve el Rey una linda persa
de ojos bellos y piel tersa,
que al verle baja la vista;
el alma del Rey conquista
con su semblante la hermosa,
y agitada y ruborosa
tiembla llena de temor
cuando el altivo Señor
le dice: «Serás mi esposa».
Allí ojos negros y vivos;
bocas de morir al verlas,
con unos hilos de perlas
en rojo coral cautivos;
allí rostros expresivos;
allí como una áurea lluvia,
una cabellera rubia;
allí el ardor y la gracia,
y las siervas de Circasia
con las esclavas de Nubia.
Unas bellas, adornadas
con diademas en las frentes,
con riquísimos pendientes
y valiosas arracadas;
otras con telas preciadas
cubriendo su morbidez;
y otras, de marmórea tez,
bajas las frentes y mudas,
completamente desnudas
en toda su esplendidez.
Luego, el altivo monarca,
con órdenes imperiosas
llama a todas las hermosas
mujeres de la comarca
que su poderío abarca;
y ante el viejo de Bagdad,
escoge su voluntad
de tanta hermosura en medio,
la que deba ser remedio
que cure su enfermedad.
Allí ojos negros y vivos;
bocas de morir al verlas,
con unos hilos de perlas
en rojo coral cautivos;
allí rostros expresivos;
allí como una áurea lluvia,
una cabellera rubia;
allí el ardor y la gracia,
y las siervas de Circasia
con las esclavas de Nubia.
Emprendió viaje el anciano;
llegó, miró las estrellas;
supo conocer en ellas
las cuitas del soberano;
y adivinando el arcano
como viejo sabedor,
entre el inmenso estupor
de la cortesana grey,
le dijo al monarca: « ¡Oh Rey!
Te estás muriendo de amor».
Luego, el altivo monarca,
con órdenes imperiosas
llama a todas las hermosas
mujeres de la comarca
que su poderío abarca;
y ante el viejo de Bagdad,
escoge su voluntad
de tanta hermosura en medio,
la que deba ser remedio
que cure su enfermedad.