Ella sabía que esa era la última vez que las rosas aparecería y pensó: "él las encargó antes de morir, su amado esposo sabía que no sobreviviría". Siempre le gustó prevenir.
Cogió el ramo y lo colocó en un florero especial. Luego, se sentó junto al retrato de su esposo durante horas, en la silla favorita de él, mientras miraba la foto, las rosas seguían allí.
Pasó un año y era difícil vivir sin su pareja. La soledad se convirtió en su
amiga.
Entonces, a la hora de siempre, el día de su cumpleaños, sonó el timbre y las rosas estaban en su
puerta.
Cogió las rosas y las miró sintiéndose asustada.
Luego, fue al teléfono y llamó al florista. El dueño contestó, y ella preguntó si podía explicarle porqué alguien le haría eso causándole tanto dolor.
"Yo sé que su esposo falleció hace más de un año, dijo el florista, y yo sabía que usted llamaría y querría
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