Una mujer y un hombre se vieron envueltos en un aparatoso accidente de tráfico.
Los
coches quedaron totalmente destrozados pero sorprendentemente ninguno de ellos resultó herido. Después que salieran arrastrándose de sus respectivos vehículos,
la mujer, que estaba muy bien, dijo:
- "Eh, pero si eres un hombre, que interesante... ¡Yo soy una mujer...!
Mira nuestros coches...! No queda nada, pero afortunadamente ninguno de nosotros esta herido... Esto debe ser una
señal divina de que debíamos
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