Y al fin le salió la barba;
allá va mocito «honrao»
que sabe ganarse a pulso
la vida con su trabajo.
Le siguen llamando «el feo»;
¡qué más da, si al fin y al cabo
los hombres pueden ser hombres
aunque no estén ondulados!
¿De novias?, ¿con mi carita?,
«pa'» que iba a meterme en gastos;
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Pero el sino se presenta
cuando menos lo esperamos;
un chaval que lo bautizan
a escote los de mi
patio,
una madre, que en los ojos
lleva escrito el desengaño.
Yo, que me muero de pena,
que me doy tres latigazos,
que se me olvide mi rostro,
que me acerco al «cristianao»,
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