Recuerdo que fue un domingo...
Yo tenía al niño en brazos
cuando una sombra en la puerta
preguntó: « ¿Está la Rosario?»
«Está para mí, -le dije-
que pa' usted ya la enterraron».
«Pues vengo a resucitarla
y a llevarme ese macaco,
porque lo feo se pega
y usted lo es un rato largo».
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Pero ella, sí que dijo,
viendo en tierra aquel guiñapo,
me lo dijo sin palabras,
me miró de arriba abajo
de una manera tan fina,
diciéndomelo tan claro
que nunca pensé que un mote
pudiera hacer tanto daño.
Los jueces dijeron: « ¡libre!»
Yo respondí: « ¡condenado!
¿A quién vuelvo yo mis ojos?
¿Dónde encamino mis pasos?»
y la Bandera de España
me contestó: «A mí, muchacho,
que yo voy a ser tu madre,
te daré gloria y amparo
y te enseñaré el secreto
de andar con la frente en alto,
te haré novio de la muerte,
que es la novia de los guapos».
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