VI
Brilla en mi interior la Luna,
pero mis ojos, ciegos, no pueden verlo;
Yace la Luna en mí, y también el Sol.
El eterno Tambor del Silencio en mí resuena,
pero mis oídos, sordos, no pueden oírlo.
En tanto el hombre clame por su YO y lo MÍO,
nada vale cuanto haga.
Tan pronto como muere al YO y a lo MÍO,
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