como si
estuviera llegando un muerto.
No hay niños ya: se fueron a otro
tiempo. Mujeres satinadas
vigilan el silencio, el aire
de vitrina sin nada dentro.
De un tejado a otro, salta
un gato. El sol juega a trapecio.
Un olor a pared mojada
se hace rincón. Las piedras
... (ver texto completo)
Número cuatro de esta
calle,
tinta de Fajalauza, cuna
de mi granadino destierro,
casa caída a cuatro lados
de sus propios muros desiertos.
¡Ay, labio, sitio pronunciado
por un idioma desde lejos!
Yo también salgo a ver quién llama
mientras alguien entra en silencio...