LA NUEZ DE ARRIBA (Burgos)

Calle del pueblo
Foto enviada por Victoria Serna,

XXIX

Despertad, cantores:
acaben los ecos,
empiecen las voces.
XXVIII

Cantores, dejad
palmas y jaleo
para los demás.
XXVII

¡Oh calavera vacía!
¡Y pensar que todo era
dentro de ti, calavera!,
otro Pandolfo decía.
XXVI

¡Ya hay hombres activos!
Soñaba la charca
con sus mosquitos.
XXV

Sin embargo...

¡Ah!, sin embargo,
importa avivar los remos,
dijo el caracol al galgo.
La ventana

Todas las tardes, a la luz en punto,
la ventana se asoma a la placeta.
Alguien se apoya en el perfume mudo
de la paciencia.
El aire se abufanda de geranios.
Se ve la esquina a una luz de vela.
La calle viene sin zapatos, viene
pasando como un aire en pena. ... (ver texto completo)
Memoria de la madre

Mi madre estaba al borde del hule cada vez más sentada.
El brasero era una ceniza en sueños. Dios hacía
esfuerzos sobrenaturales por salir de un montón
de lentejas.
Ella rezaba, desdentada y muda,
como si el agua fuese a faltar al mediodía.

Mi madre estaba al borde de los hijos cada vez más lejana. ... (ver texto completo)
como si
estuviera llegando un muerto.
No hay niños ya: se fueron a otro
tiempo. Mujeres satinadas
vigilan el silencio, el aire
de vitrina sin nada dentro.
De un tejado a otro, salta
un gato. El sol juega a trapecio.
Un olor a pared mojada
se hace rincón. Las piedras ... (ver texto completo)
Número cuatro de esta calle,
tinta de Fajalauza, cuna
de mi granadino destierro,
casa caída a cuatro lados
de sus propios muros desiertos.
¡Ay, labio, sitio pronunciado
por un idioma desde lejos!

Yo también salgo a ver quién llama
mientras alguien entra en silencio...
Ninguna piedra tiene edad.
Los portales están perdidos
en su sombra. Tras las ventanas,
hay ojos que no miran, restos
de haber mirado en sueños. Y hay
polvo al que no llegó ni el viento.
La calle es el revés de algún
recuerdo: sale una mujer,
mira la puerta y nunca sabe
quién ha llamado,
como si
estuviera llegando un muerto.
No hay niños ya: se fueron a otro
tiempo. Mujeres satinadas
vigilan el silencio, el aire
de vitrina sin nada dentro.
De un tejado a otro, salta
un gato. El sol juega a trapecio.
Un olor a pared mojada
se hace rincón. Las piedras ... (ver texto completo)
Ninguna piedra tiene edad.
Los portales están perdidos
en su sombra. Tras las ventanas,
hay ojos que no miran, restos
de haber mirado en sueños. Y hay
polvo al que no llegó ni el viento.
La calle es el revés de algún
recuerdo: sale una mujer,
mira la puerta y nunca sabe
quién ha llamado,
Granada

Agua de sauce
y agua de avellano
y agua de mimbre:
las tres gracias verdes
del agua clara de la madrugada.

Para pedir el cielo,
agua de la mañana. ... (ver texto completo)
El amor hace que el más duro de los esfuerzos parezca tan leve como una pluma. Cuando hay amor, el alma está llena de una energía especial y todo trabajo parece ser fácil. El amor funciona como un ascensor, que permite subir muchos pisos sin más esfuerzos que pulsar un botón. Cuando no hay amor, es como subir veinte pisos en una escalera. Así que, experimenta el amor total el día de hoy.
Saber y saberlo demostrar es valer dos veces.
El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe.
La sabiduría es hija de la experiencia.