Un hombre de mi
pueblo viajó en cierta ocasión a la capital en el
coche de línea. Junto a él, otro viajero, al parecer, "de ciudad", se propuso tramar conversación con el paleto, y comenzó con el consabido latiguillo:
- ¿De dónde es el
amigo.?
-De Aguilera del
Río Sequillo -contestó con la mayor naturalidad el paleto.
Dibujó el otro una significativa sonrisa y apostilló con aire de guasa:
- ¡Hombre, qué suerte! ¡Pasará por allí ese río!
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