Cuando aprenden que el sufrimiento no se mitiga con auto-compasión, sino que se supera con determinación interior y fuerza espiritual.
Cuando aprenden que no pueden controlar al mundo a su alrededor, pero que son los maestros de sus propias almas.
Cuando aprenden que las relaciones mejoran si valoran más la
amistad que el ego, el compromiso que el orgullo, escuchar que aconsejar.
Cuando aprenden a no odiar a una persona cuya diferencia temen, sino a temer ese tipo de odio.