La dama de Shalott
I
En las orillas del río, durmiendo,
grandes campos de cebada y centeno
visten colinas y encuentran al cielo;
a través del campo, marcha el sendero
hacia las mil torres de Camelot;
y arriba, y abajo, la gente viene,
mirando a donde los lirios florecen,
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Tiembla el álamo, palidece el sauce,
grises brisas estremecen los aires
y la ola, que por siempre llena el cauce,
por el
río y desde la isla distante
fluye que fluye, hasta Camelot.
Cuatro muros grises: sus grises
torres
dominan un espacio entre las
flores,
y en el silencio de la isla se esconde
la dama de Shalott.