Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su
comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a
casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la
música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y pese a todo, indemne,
¿no es la
felicidad lo que me envuelve?