Ni la tristeza, ni la desilusión, ni la incertidumbre, ni la soledad, ¡nada me impedirá sonreír!
Ni el miedo, ni la depresión, por más que sufra mi corazón, ¡nada me impedirá soñar!
Ni la desesperación, ni la ignorancia, mucho menos el odio o alguna ofensa, ¡nada me impedirá vivir!
En medio de las tinieblas, entre los espinos, en las tempestades y en extraviados
caminos, ¡nada me impedirá creer en Dios!
Así errando y aprendiendo, todo me será favorable, para que yo pueda siempre evolucionar,
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