NOEMI, algunas de esas tierras eran de mi Padre, tuvo que venderlas o mal venderlas, por la presión fiscal, hace unos meses, después de treinta y tantos años, fui a visitarlas, ¡no las conocía! Los cabezos, destrozados por los eucaliptos, parecían otros. Los caminos de herradura, desconocidos. Los olivos que dejaron, abandonados etc. etc. etc. Se te encoge el corazón y te vienes con lágrimas en los ojos. Por eso de estas letrillas. Un abrazo
¡Cuànta triteza, injusticia e impotencia, Antonio! Es en Cerro del Andèvalo? Te das cuenta, aves de rapiña, hay en todos lados, volando por los aires y tambièn caminado por las tierras para adueñarse de lo que pueden... ¡Un abrazo!