Muy ingenioso lo de los Mehais de
San Cristolo, empinada
montaña, rematada por un áspero pedregal con ralas hiervas esparteras y osamentas de
ovejas, siempre vigilada desde el
cielo por aves rapaces o
carroñeras. Al sureste la viña de la Señora Bibiana, una higuera, un guindal, y un membrillo, en la falda, profundos y sinuosos barrancos por donde trepábamos los mal nutridos chavales de los cincuenta. Sentados sobre las
piedras de vuestros ingeniosos Mohais nuestra imaginación volaba.