Así jugamos a La Tuta en nuestro pueblo.
Nosotros, en Fuente Úrbel, grandes y pequeños, al salir de misa jugábamos a “La Tuta” delante de la puerta de la casa del señor Valeriano.
La Tuta era un cilindro de madera, normalmente de encina o de roble, de unos 16 o 18 centímetros de alto. Encima se colocaban las pesetas y, con dos discos de hierro que llamábamos “tangos” —uno más pequeño que el otro—, intentábamos derribarla.
La estrategia para ganar consistía en dejar el tango pequeño lo más cerca posible de La Tuta, que ya tenía las pesetas encima, pero con mucho cuidado para no tirarla. Después, con el tango grande, intentábamos golpear La Tuta y mandarla lo más lejos posible de las pesetas.
A continuación, se medía la distancia con una cuerda, y el jugador que había derribado La Tuta ganaba las pesetas que estaban más próximas al tango que había quedado junto a ella. Si La Tuta había ido muy lejos, podía ganar todas las pesetas.
Hay más detalles, ya seguiremos este verano, durante la práctica.
Nosotros, en Fuente Úrbel, grandes y pequeños, al salir de misa jugábamos a “La Tuta” delante de la puerta de la casa del señor Valeriano.
La Tuta era un cilindro de madera, normalmente de encina o de roble, de unos 16 o 18 centímetros de alto. Encima se colocaban las pesetas y, con dos discos de hierro que llamábamos “tangos” —uno más pequeño que el otro—, intentábamos derribarla.
La estrategia para ganar consistía en dejar el tango pequeño lo más cerca posible de La Tuta, que ya tenía las pesetas encima, pero con mucho cuidado para no tirarla. Después, con el tango grande, intentábamos golpear La Tuta y mandarla lo más lejos posible de las pesetas.
A continuación, se medía la distancia con una cuerda, y el jugador que había derribado La Tuta ganaba las pesetas que estaban más próximas al tango que había quedado junto a ella. Si La Tuta había ido muy lejos, podía ganar todas las pesetas.
Hay más detalles, ya seguiremos este verano, durante la práctica.