Rodeada de
naturaleza y silencio, la
iglesia se integra en el
paisaje como si siempre hubiera formado parte de él. Desde aquí se contemplan los
montes y
caminos que durante siglos comunicaron estas tierras con
Pancorbo, Miranda de Ebro y el cercano
País Vasco. Visitarla es, además, comprender el origen
medieval del propio
pueblo, ya que el primitivo asentamiento se organizó en torno a este templo.