Que nadie se sorprenda a la lectura de este título, sobre todo si llega a oídos de un hijo de la gran China; en Bustillo, sobre todo en los tiempos a los que me remito, nunca entró un chino, y si lo hubiera hecho sería como para haberle visto como a un marciano o a un extraterrestre cualquiera, pero nunca para practicar con él ningún rito xenófobo. Lo que pasa es que en mi aldea, a ese animal de la vista baja, nunca se le llamó gorrino, cochino ni cerdo, no; era sencillamente "el chino".
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Dada ... (ver texto completo)
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