Es otro de los cante de
Cádiz, con cierta influencia de la soleá bailable, a cuyo compás se acogen sus estilos más puros. El cantaor jerezano Manuel
Torres lo popularizó y le dio cierto carácter de intimidad y de concentración interior, por su tono estremecido, por sus alternantes cadencias de lentitud y presura, y por sus variaciones emocionales.
Siguiendo la armonía evangélica más en boga, que obliga a situar cronológicamente la Presentación ritual del Niño en el Templo y la Purificación de
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