Esta semana somos testigo del trasiego constante que hay en un albergue de peregrinos. Hay personas que hacen el Camino de Santiago por fe pero también son muchos los que se ponen las botas para pensar y reorientar sus vidas. Sobre todo cuando son miles las personas que esta temporada tienen que ver cómo salen adelante tras quedarse sin trabajo. Otros tienen la excusa perfecta para viajar y hacer deporte con muy poco dinero en tiempos de crisis.
El
albergue de peregrinos Pedro Solís de Avilés, en
Asturias, parece la ONU porque son muchas las nacionalidades que comparten habitación, curas en los pies tras horas de caminata y experiencias de todo tipo. El alma de este antiguo
hospital es José María, un jubilado que quedó enganchado tras su primer
camino y ahora se entrega por completo a los peregrinos y al centro. Incluso ha liado a su hijo para que le eche un cable con los extranjeros que no hablan español.