EL DISCÍPULO
Cuando murió Narciso, el remanso de su placer se trocó de una copa de
aguas dulces en una copa de
lágrimas saladas, y llegaron llorando a través de los bosques las ninfas de las
montañas, las oréades, para
consolar al remanso con su canto.
Y cuando vieron que el remanso se había trocado de una copa de aguas dulces en una copa de lágrimas
saladas, soltaron las verdes trenzas de sus cabellos y gritando al remanso le dijeron:
-No nos sorprende que hagas un duelo tal por Narciso,
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