Para ti "."
En tus viajes a Madrid y a tu paso por Narros, solo ves la parte anterior de la estación, esta es la posterior, después de la pequeña restauración que han hecho en ella.
Saludos
LA FUENTE DEL TIEMPO

A la espalda, el ocaso
a los labios, estio
la renuncia en los ojos
y en las manos el frio

Una sed de infinito
de infinitos instantes
donde ya no hay noche ... (ver texto completo)
LAMED WUFNIK
Yo soy un lamed wufnik
sin mí el universo es nada
las cabezas de los hombres
son como sucios pozos negros
yo soy un maed wufnik
sin mí el universo es nada
dios llora en mis hombros
el dolor del universo, las flechas
que le clavan los hombres ... (ver texto completo)
Hola buenas noches
Paso a dejaros mis mejores deseos y saludos a todos los de Narros del Castillo
SOBRE AQUELLAS PALABRAS
"DILECTUS MEUS MIHI"

Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi amado. ... (ver texto completo)
• Decadencia

Por qué la locura se encuentra en cada esquina
no existe el amor sin que exista odio y mentira
por qué todos son infelices, pero no paran de reír
mientras sus almas claman por piedad y libertad
por qué algunos comen por diversión y otros mueren de desnutrición
se pelean por el poder, cuando lo que importa es querer
por qué predican castidad, si ni siquiera tiene virginidad
Buenas noches y saludos a todos los que pasais por el foro.
Sé bueno
siempre se nos pide
entender el punto de vista de otra persona
sin importar
cuán anticuado
tonto
o
detestable sea.
Se nos pide
ver
su más completo error
su vida desperdiciada
con
benevolencia,
especialmente
si son
ancianos.
pero la edad es la suma
de nuestro quehacer.
ellos han envejecido
equivocadamente
porque han vivido
fuera de foco,
se han rehusado a
ver.
que no es su culpa?
de quién entonces?
mía?
se me pide ocultar
mi punto de vista
de ellos
por miedo a su
miedo.
la edad no es un crimen
pero la vergüenza
de una vida
desperdiciada
deliberadamente
entre tantas
vidas
desperdiciadas
deliberadamente
lo es. ... (ver texto completo)
Buenas noches y saludos a todos los que pasais por el foro.
Cantemos hoy a los ángeles,
custodios nuestros y hermanos,
que velan por los humanos
y van de su bien en pos.
Ven siempre la faz del Padre,
él los ampara benigno,
y luchan contra el maligno
en las batallas de Dios.

¡Oh espíritus inmortales!
Tenéis por reina a María,
sois su vital letanía,
su enamorada legión.
Por vuestro medio nos llegan
dones y gracias del cielo,
la fe, la luz, el consuelo,
la paz y la inspiración.

Terribles como un ejército
bien ordenado en batalla,
vuestra asistencia no falla
contra la insidia infernal.
Silentes guardas y amigos,
de nuestra noche luceros,
seréis nuestros compañeros
en la patria celestial.

La gloria a Dios que ha creado
ejército tan prolijo:
que adore sumiso al Hijo,
su rey y su plenitud,
y que al Espíritu Santo,
terrenos y celestiales,
le rindan universales
tributos de gratitud. Amén. ... (ver texto completo)
Anda mira! Un rascador para la espalda!
ati te pica M. C.?
Anda mira! Un rascador para la espalda!
Anda mira como el gel, dejádmelo para lavarme los pinrreles!
¿Y el aliño donde lo habeis dejado?
EL ALCAHUETE CASTIGADO
Durante la Regencia ocurrió en París un hecho tan singular que aún hoy en día puede
ser narrado con interés; por un lado, brinda un ejemplo de misterioso libertinaje que nunca
pudo ser declarado del todo; por otro, tres horribles asesinatos, cuyo autor no fue descubierto
jamás. Y en cuanto a... las conjeturas, antes de presentar la catástrofe desencadenada
por quien se la merecía, quizá resulte así algo menos terrible
Se cree que el señor de Savari, solterón maltratado por la naturaleza 1, pero rebosante
de ingenio, de agradable trato y que congregaba en su residencia de la calle Déjeuneurs a
la mejor sociedad posible, había tenido la idea de prestar su casa para un género de pros-
1 Era un lisiado, sin piernas. (Nota del autor.)
Librodot Cuentos, historietas y fábulas Marqués de Sade
Librodot
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titución realmente singular. Las esposas o las hijas, de elevada posición exclusivamente,
que deseaban gozar sin complicaciones y a la sombra del más profundo misterio de los
placeres de la voluptuosidad podían encontrar allí a un cierto número de asociados dispuestos
a satisfacerlas, y esas intrigas pasajeras no tenían nunca consecuencias; una mujer
recogía en ellas sólo las flores sin el menor riesgo de las espinas que con tanta frecuencia
acompañan a esa clase de arreglos cuando van tomando el carácter público de
una relación regular. La esposa o la jovencita se encontraban de nuevo al día siguiente en
sociedad al hombre con el que habían tenido relaciones la víspera sin dar a entender que
le reconocían y sin que él, a su vez, pareciera distinguirla entre las restantes damas, gracias
a lo cual nada de celos en las relaciones, nada de padres irritados, ni de separaciones,
ni de conventos; en una palabra, ninguna de las funestas secuelas que traen consigo asuntos
de esa índole. Resultaba difícil encontrar algo más cómodo y sin duda sería peligroso
ofrecer en nuestros días este plan; habría que temer con sobrada razón que este relato
pudiera sugerir la idea de volver a ponerlo en práctica en un siglo en que la depravación
de ambos sexos ha desbordado todos los límites conocidos, si no presentáramos, al mismo
tiempo, la cruel aventura que sirvió de escarmiento a aquel que lo había concebido.
El señor de Savari, autor y ejecutor del proyecto, que se conformaba, aunque muy a
gusto, con un único criado y una cocinera para no multiplicar los testigos de los excesos
de su mansión, vio una mañana cómo se presentaba en su casa cierto individuo amigo
suyo para rogarle que le invitara a comer.
-Diablos, con mucho gusto -le contesta el señor de Savari-, y para demostraros el placer
que me proporcionáis, voy a ordenar que os saquen el mejor vino de mi bodega...
-Un momento -responde el amigo cuando el criado ha recibido ya la orden-, quiero ver
si La Brie nos engaña..., conozco los toneles, voy a seguirle y a comprobar si realmente
coge el mejor.
-Muy bien, muy bien -contesta el dueño de la casa siguiendo perfectamente la broma-;
si no fuera por mi penoso estado, yo mismo os acompañaría, pero así me haréis el favor
de ver si ese bribón no nos induce a error.
El amigo sale, entra en la bodega, coge una palanca, mata a golpes al criado, sube en
seguida a la cocina, deja en el sitio a la cocinera, mata hasta a un perro y a un gato que
encuentra a su paso, vuelve a la alcoba del señor de Savari que, incapaz por su estado de
ofrecer la menor resistencia, se deja asesinar como sus sirvientes, y este verdugo implacable,
sin turbarse, sin sentir el más mínimo remordimiento por la acción que acaba de
perpetrar, detalla tranquilamente en la página en blanco de un libro que halla sobre la
mesa la forma en que la ha llevado a cabo, no toca cosa alguna, no se lleva nada, sale de
la casa, la cierra y desaparece.
La casa del señor de Savari era demasiado frecuentada para que esta atroz carnicería no
fuera descubierta en seguida; llaman a la puerta, nadie contesta, y convencidos de que el
dueño no puede hallarse fuera rompen las puertas y descubren el espantoso estado de la
residencia de aquel desdichado; no contento con legar los detalles de su acción al público,
el flemático asesino había colocado sobre un péndulo, adornado con una calavera que
ostentaba como lema: «Contempladla para enmendar vuestra vida», había colocado, repito,
sobre esta frase un papel escrito en el que se leía: «Ved su vida y no os sorprenderéis
de su final.»
Una aventura semejante no tardó en provocar un escándalo; registraron por todas partes
y el único objeto que encontraron que guardara alguna relación con esta cruel escena fuela carta de una mujer, sin firma, dirigida al señor de Savari y que contenía las palabras siguientes:
«Estamos perdidos, mi marido acaba de enterarse de todo, pensar en el remedio, sólo
Paparel puede aplacar su espíritu; haced que hable con él, si no, no hay ninguna salvación.
»
Un tal Paparel, tesorero del extraordinario de la guerra, hombre amable y con buenas
relaciones, fue citado: admitió que visitaba al señor de Savari, pero que, de más de cien
personas de la ciudad y de la corte que acudían a su casa, a la cabeza de las cuales podía
colocarse el señor duque de Vendôme, él era de todas ellas uno de los que menos le veía.
Varias personas fueron detenidas y puestas en libertad casi en seguida. Pronto se supo
bastante como para convencerse de que aquel asunto tenía ramificaciones innumerables
que, al comprometer el honor de los padres y maridos de la mitad de la capital, iban a
desacreditar públicamente a un infinito número de personas de la más alta alcurnia, y, por
primera vez en la vida, en unas cabezas de magistrados la prudencia reemplazó a la severidad.
En eso quedó todo y, por tanto, la muerte de aquel desdichado, demasiado culpable
sin duda para ser llorado por gentes honestas, no encontró nunca a nadie que le vengara;
pero si aquella pérdida fue insensible para la virtud, hay que creer que el vicio la lamentó
durante largo tiempo, y que, independientemente de la alegre cuadrilla que tantos mirtos
recogía en la casa de este dulce hijo de Epicuro, las hermosas sacerdotisas de Venus, que
acudían día tras día a quemar su incienso en los altares del amor, debieron llorar sin duda
la demolición de su templo.
Y así es como acabó todo. Un filósofo comentaría, glosando esta narración: «Si de las
mil personas a las que tal vez afectó esta aventura, quinientas se alegraron y otras quinientas
la deploraron, la acción puede considerarse indiferente; pero si, por desgracia, el
cálculo arrojara una cifra de ochocientos seres lesionados por la privación del placer que
esta catástrofe les ocasionaba contra sólo doscientos que creyeran ganar con ella, el señor
de Savari hacía más bien que mal y el único culpable fue aquel que le inmoló en aras de
su resentimiento.» Dejo que decidáis sobre todo esto y paso rápidamente a otro asunto. ... (ver texto completo)
EL FINGIMIENTO FELIZ (O LA FICCIÓN AFORTUNADA)
Hay muchísimas mujeres que piensan que con tal de no llegar hasta el fin con un amante,
pueden al menos permitirse, sin ofender a su esposo, un cierto comercio de galantería,
y a menudo esta forma de ver las cosas tiene consecuencias más peligrosas que si su caída
hubiera sido completa. Lo que le ocurrió a la marquesa de Guissac, mujer de elevada
posición de Nimes, en el Languedoc, es una prueba evidente de lo que aquí proponemos
como máxima.
Alocada, ... (ver texto completo)