¡Lo que el mundo necesita es amor!
Un anciano muy pobre se dedicaba a sembrar
árboles de mango. Alguien le dijo:
• ¿Cómo es que a su edad se dedica a plantar mangos?
¡Tenga por seguro que no vivirá lo suficiente para consumir sus
frutos! El anciano respondió apaciblemente: Toda mi vida he comido mangos de árboles sembrados por otros. ¡Que los míos rindan frutos para quienes me sobrevivan! Habitamos en un universo en el que todo y todos tienen algo que ofrecer. Los árboles dan, los
ríos dan,
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