Tú, a la que no declaro las noches
Que llorando yago,
Cuya esencia me fatiga
Como el mecer de una cuna.
Tú, que tampoco me dices
Si por mí son tus vigilias:
¿Cómo, pues, sobrellevar en nosotros sin aplacarla tal suntuosidad?
Tú llenas mi soledad. Me pareces siempre otra.
A ratos eres tú sola, luego de nuevo un susurro o un aroma absoluto.
A todas, ay, he perdido en mis brazos, pero tú eres eterno nacimiento:
Porque nunca te retuve, firmemente te mantengo.
Que llorando yago,
Cuya esencia me fatiga
Como el mecer de una cuna.
Tú, que tampoco me dices
Si por mí son tus vigilias:
¿Cómo, pues, sobrellevar en nosotros sin aplacarla tal suntuosidad?
Tú llenas mi soledad. Me pareces siempre otra.
A ratos eres tú sola, luego de nuevo un susurro o un aroma absoluto.
A todas, ay, he perdido en mis brazos, pero tú eres eterno nacimiento:
Porque nunca te retuve, firmemente te mantengo.