NARROS DEL CASTILLO: Anonimo 352 como Luis pongo la Saeta que pides con...

Pili, entre Luis y tú, nos habeis hecho la Semana Santa al completo, pero os ha faltado una cosilla, y ha sido cantarnos una saeta, como aún no es tarde, ponedla si entrais esta mañana.
Muy bién por los dos, se ve que los amigos de esa época estais muy compenetrados.
Os mando un abrazo a ambos, y os doy las gracias por vuestra constancia.

Anonimo 352 como Luis pongo la Saeta que pides con un año de retraso. Que tengas una feliz Semana Santa.

SAETA (de Fernan Caballero.

Viendo Cristo que su muerte
se venía tan cercana,
llamó a su Madre prudente,
con discretas palabras,
se despidió de esta suerte:
-Quedad con Dios, madre mía,
vuestra bendición espero,
porque ya es llegado el día
que enclavado en un madero,
se cumplan las profecías.
También de mi padre espero
que me dé su bendición,
que voy a Jerusalén
a padecer mi pasión.

-Hijo, si te fuese grato,
por ti padeciera yo
tu pasión por aliviarte.
-No. Madre; quedad con Dios,
que no puedo consolar
tal sentimiento y dolor.

Llegó al huerto, hizo oración
por todos los que vivían,
y en santa contemplación,
gotas de sangre corrían
para nuestra redención.
Por el pecador pedía,
entre angustias anegado,
en mortales agonías,
un ángel le ha confortado,
que el Padre Eterno le envía.

Nuestro amado Redentor,
en quien se halla todo bien,
por el hombre pecador,
se acercó a Jerusalén,
conducido por su amor.
Con una pompa imperial
va el humilde caminante,
para librarnos del mal
a Jerusalén triunfante
entró el pastor celestial.

Puesto Jesús en la mesa,
el pan bendice, diciendo:
«Este es mi cuerpo», promesa
y gran milagro estupendo,
que al Serafín embelesa.

Con el cáliz en la mano,
hizo igual ofrecimiento,
y sus labios soberanos
han dejado al Sacramento
para el bien de los cristianos.
Ya le llevan al Calvario,
al son de ronca trompeta,
y el inicuo de Pilatos
le ha leído la sentencia.
La cruz le pone por cama
aquella gente maligna,
y luego, por cabecera,
una corona de espinas.
El Sol se vistió de luto,
y la Luna se eclipsó,
los elementos temblaron
cuando murió el Redentor.

Una corona le ponen
de espinas setenta y dos,
que le traspasan las sienes,
y a su madre el corazón.

De tal manera lom vio,
que a San Juan le preguntó:
« ¿Cuál de los tres es mi hijo,
»que no lo conozco yo?»