CIRCULACIÓN POR LA ROTONDA
En la entrada del pueblo, donde muere la recta,
surge ella, divina, redonda y perfecta.
Ya no hay cruces de olvido ni sustos mortales,
solo un giro constante, ajeno a los males.
Ornamento de piedra, jardín de cemento,
que vigila el paisano con parsimonia y tiento.
A veces un olivo, castizo y solitario,
en medio del tráfico, erguido y diario.
O quizás una escultura, de dudoso diseño,
que celebra la historia o al noble pequeño.
¡Oh, glorieta querida, familiar, inevitable!
donde el forastero frena, prudente y amable.
En ti gira Castilla, en ti danza la huerta,
con la pausa sagrada y la vida despierta.
Mecanismo de tiempo, volante seguro,
que nos une el pasado con el nuevo futuro.
Rotonda manchega, del norte o del sur,
bajo el cielo limpio de un inmenso azul.
Tú ordenas el caos, tú calmas la prisa,
en ese pueblo donde el alma descansa.
En la entrada del pueblo, donde muere la recta,
surge ella, divina, redonda y perfecta.
Ya no hay cruces de olvido ni sustos mortales,
solo un giro constante, ajeno a los males.
Ornamento de piedra, jardín de cemento,
que vigila el paisano con parsimonia y tiento.
A veces un olivo, castizo y solitario,
en medio del tráfico, erguido y diario.
O quizás una escultura, de dudoso diseño,
que celebra la historia o al noble pequeño.
¡Oh, glorieta querida, familiar, inevitable!
donde el forastero frena, prudente y amable.
En ti gira Castilla, en ti danza la huerta,
con la pausa sagrada y la vida despierta.
Mecanismo de tiempo, volante seguro,
que nos une el pasado con el nuevo futuro.
Rotonda manchega, del norte o del sur,
bajo el cielo limpio de un inmenso azul.
Tú ordenas el caos, tú calmas la prisa,
en ese pueblo donde el alma descansa.