Basta de mensajes que piden que se acabe la crispación. Ese tipo de mensajes sí que crispan, porque piden un imposible. La discusión (que no la polémica)nos pone en contacto con las demás personas, para rebatir y ser rebatidos, para aportar razones y para admitirlas. Quien pide que esto no ocurra, sinceramente, vive en el país de las maravillas, con Alicia. Otra cosa es pedir que el debate se serene, que no tenga tanta acritud ni ganas de fastidiar al que no piensa igual; esto sí que tiene que ser pedido o, mejor dicho, hecho, aportando las razones convincentes para demostrar que debe ser así. Si se pide que no halla discusiones se está pidiendo vivir en un mundo que no es el nuestro, un mundo en el que a ninguno nos gustaría vivir. Hay que saber dialogar, hay que aprender a vivir en democracia, y no hay que hacer ninguna de estas dos cosas: o imponer al prójimo mi opinión, como si sólo ésta existiera; o no querer oir opiniones indeseables, como si fuera algo aborrecible que pudiera acabar con todo el mundo.
Desde aquí pido que acaben este tipo de mensajes que no llevan a ninguna parte. Queremos vivir en un mundo de personas, no de títeres.
Desde aquí pido que acaben este tipo de mensajes que no llevan a ninguna parte. Queremos vivir en un mundo de personas, no de títeres.