Cerro sus ojos en su último suspiro mientras se oía el susurro de los trigales al golpear con el viento Silencio ahora! Solo silencio que ya terminó el tormento.
Y nos dejó solos en la más triste de las ausencias con los rostros demacrados por su triste pérdida. Nosotros hijos de sus carnes, criados a sus pechos y desamparados ahora a nuestra suerte. Cual dolorosa pérdida la de una MADRE y que glorioso resulta el tenue recuerdo de su existencia. Madre tierra de
El Romeral fuimos tantos los emigrados
... (ver texto completo)