Yo me inclino por un aparcamiento en la plaza del pueblo, por supuesto en la mayor. Vale. Un sitio que daría juego, y que haría que este pueblo se lanzase para arriba a lo bestia. Pues la gente disfrutaría de la belleza del pueblo, la cortesia de la gente y por supuesto al haber muchas más personas de la complicidad del pasar desapercibido uno en su propio pueblo.
Un racimo de besos.
Un racimo de besos.