Todos soñamos.
Sólo que mi sueño era mas ambiguo.
Tenía una parte dulce y otra, no diré de pesadilla, pero si muy triste.
En la parte dulce, yo también era alcalde.
La verdad me suponía un esfuerzo dedicar tantas horas como dedicaba a mi
pueblo, pero no me importaba. Nací aquí, y aquí quería morir.
Cuando tenía un rato libre paseaba por el pueblo, hablaba con todo el mundo y apreciaba el cariño de la gente.
Recordaba mi pueblo hace pocos años, muy pocos. Cuando no teníamos absolutamente de
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