El "temita" está bien claro: se pueden tener más o menos escrúpulos (hoy día, está visto, ninguno) en acudir junto al recinto del
cementerio y pasarse allí las horas charlando; el problema es cuando se pintarrajean paredes, se rompen bombillas, se hacen
hogueras y aun se destrozan cerraduras con toda la mala intención (¡menos mal que el camposanto en sí está protegido por unas
puertas!); además, los muchachos, como cualquiera puede intuir, se afanan allí, en su retiro y al abrigo de la oscuridad,
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