Un loco en un manicomio se echa ketchup en el oido....
El medico lo ve y le pregunta: estas herido?
El loco dice: No pendejo estoy oyendo salsa....
¿cual es el colmo de un enano?
que un policia le diga alto
Si sabes más que otro, no lo presumas, no seas egoista...
Errar es humano, pero solo los idiotas perseveran en el error.
No seas hipócrita; eso únicamente te provocará perder verdaderos amigos.
Si haces lo que siempre has hecho nunca llegarás más allá de donde siempre has llegado.
El espejo en que te miras te dirá como tú eres, pero nunca te dirá lo pensamientos que tienes.
TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO.-

Compulsiones: son conductas repetitivas, generalmente "caprichosas", y aparentemente finalistas que se realizan según determinadas reglas de forma estereotipada y cuya principal función es reducir la ansiedad provocada por la obsesión. La conducta no es un fin en sí misma, sino que está diseñada para producir o evitar algún acontecimiento o situación futura, relacionados con la obsesión en cuestión, por lo que su realización reduce la ansiedad provocada por la última. Sin embargo, o bien la actividad no se halla conectada de forma realista con lo que se pretende impedir o provocar, o bien puede ser claramente excesiva. El acto se realiza con una sensación de compulsión subjetiva junto con un deseo de resistirse a la compulsión, por lo menos inicialmente. Por lo general, el individuo reconoce la falta de sentido de la conducta (algo que no siempre ocurre en niños pequeños) y no obtiene placer en realizar esta actividad, aunque esta disminuye la ansiedad provocada por su obsesión. El enfermo enseguida nota que una sola compulsión o "ritual" no basta para reducir su ansiedad, con lo que se ve obligado a repetir o aumentar el ritual (círculo vicioso). Ejemplos típicos son verificar varias veces las mismas cosas una y otra vez, ya que en la repetición de patrones el enfermo obtiene una reducción inmediata del malestar, aunque claramente contraproducente ya que con ellos está reforzando la dinámica del trastorno. ... (ver texto completo)
EL QUE NO PERDONA

El que no puede perdonar es esclavo del rencor y del resentimiento, emociones negativas que tienen el poder de destruir el cuerpo.

El rencor es una pena guardada que contamina todas las experiencias porque cada nuevo dolor la vigoriza y la mantiene viva.

Amarga la vida y malogra el carácter, vuelve a las personas suspicaces y temerosas de repetir historias.

Es el ego el que no perdona cuando es herido porque teme perder la precaria autoestima de la imagen que ha construido de si mismo.

Es para defender una imagen que no perdonamos y nos condenamos a permanecer anclados en el pasado sin poder cambiar ni crecer, atados a los recuerdos ingratos.

Todos necesitamos que nos perdonen y perdonar para seguir adelante y darle una oportunidad al que se ha equivocado, porque nadie está libre de errores, ni siquiera nosotros.

Cuando alguien nos lastima o nos trata mal, volvemos a sentirnos igual que cuando nuestros padres nos reprendían por haber hecho una travesura.

Esa antigua sensación física de temor al rechazo o al abandono vuelve a aparecer como un fantasma cada vez que vivimos una amenaza igual aunque seamos adultos.

Eso ocurre generalmente cuando aún no se ha podido perdonar a los padres.

El ego gasta energía defendiéndose de las agresiones cotidianas, sin saber que el verdadero ser que somos es intocable y que nadie puede atacarlo ni dañarlo.

Cuando estamos identificados con el ego el resultado es invariablemente un continuo sufrimiento, como si estuviéramos en carne viva nos ofendemos cada vez que escuchamos nuestras propias críticas en boca de otro.

Por eso no podemos perdonar, porque el ego es muy vulnerable a la opinión de los demás que apenas nos conocen pero que nos dicen lo que no queremos oír que ya sabemos.

¿Por qué nos hieren lo que los otros dicen y nos duelen sus agresiones? Principalmente porque no estamos seguros de cómo somos y todavía nos estamos preguntando quienes somos.

¿Será porque aún no nos hemos comprometido seriamente con una postura personal y andamos por la vida improvisando según la dirección del viento o porque tal vez nos atrevemos todavía a actuar por capricho?

Somos severos con los otros pero indulgentes con nuestro ego que vive disfrazado de otro.

Lo que es indudable es que es mucho mejor recibir una crítica espontánea que una sonrisa fingida que oculta un mal pensamiento sobre nosotros.

La resistencia a la crítica es el signo de madurez que a casi todos nos falta, porque la mayoría prefiere que les mientan y no escuchar que los contradigan.

Sin embargo, una crítica constructiva es útil cuando se tiene la valentía de resistirla y de aprender de ella y no el temor de que mueva los cimientos de nuestra alma.

Seamos más valientes para resistir la crítica, aprendamos a perdonar los errores de otros y a aceptar que pueden pensar diferente sobre nosotros mismos.

Cada persona nos ve y nos juzga según su perspectiva, eso no significa que tengan razón, pero sí tienen el derecho de pensar lo que quieran.

No podemos agradar a todo el mundo ni tampoco es necesario. Lo más importante es estar conforme con uno mismo.

Perdonar no significa tener que frecuentar a una persona como si no hubiera pasado nada y olvidar todo, porque eso sería negación, el perdón va más allá de eso, significa no guardar emoción negativa alguna ligada al agravio, porque es la emoción la que se enquista en el cuerpo y se transforma en una célula cancerosa. ... (ver texto completo)
Perro ladrador, poco mordedor.
Don sin "din", coj... en latìn.
Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.
El que mal anda, mal acaba.
Haz bien y no mires a quien
A buen hambre, no hay pan duro.