recuerdo que cuando no habia tractores, las yuntas de mulas deambulaban, por los
caminos que conducian a los barbechos para comenzar la huebra de la simencera. unjida la yunta al arado, el labrador, con una mano en la esteba y la otra cogida la hijada, se animaba a tirarse una copla que el silencio del
campo se encargaba de propagar, animando con sus notas a los labradores mas timidos y retraidos.
a la hora del almuerzo, entre voces y silvidos, llamando a los linderos la gente se agrupaba y corria
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