Mientras apuntaban una nueva lista de víctimas y proponían los mensajes sonó el teléfono.

Alicia, la mayor atendió pensando que eran sus padres para controlarlas: - ¡Hola! ¡Hola!- dijo calmada. Del otro lado de la línea se escuchaba música clásica. – ¡Hola! ¡Hola! Volvió a repetir… pero del otro lado solo se escuchaban los acordes de un violín lejano.

Cortó y siguieron preparando su juego.
Este pasatiempo del teléfono había resultado un éxito. Era la primera vez que recibían insultos de semejante magnitud y les dolían las mandíbulas de tanto reírse.
El juego se había puesto divertido y hasta Lily participaba con entusiasmo sugiriendo nuevas bromas.
Una vez conseguido el solemne juramento de Lily, se dispusieron a hacer los llamados correspondientes: Al Señor Gallo le preguntaron por sus gallinas, al Señor Gordo le ofrecieron una dieta, al Señor Gavilán le ofrecieron una jaula, al Señor Castillo le ofrecieron mudarse a un rancho, a la Señora Rojo le preguntaron que pensaba hacer este año que estaba de moda el azul y así continuaron muertas de la risa anotando prolijamente a sus destinatarios y los distintos insultos que recibían de sus víctimas ... (ver texto completo)
Ay, dijo Lily – Dejame tranquila.

¡No! Dijo Pato- Tenés que jurar que no vas a decir nada.

Está bien. Lo juro – contestó Lily en un susurro.

-Por Canela- Dijo Pato agregando- y no cruces los dedos en tu espalda.

- ¡Está bien! lo juro por Canela- Mientras juraba, mostró sus manos y le echó una mirada triste a su gata que dormía en el sillón.
Alicia, sin darle tiempo ni para respirar, retrucó: Mamá no se va a enterar a menos que alguien se lo diga- y agregó-Espero que cierres tu enorme bocota. Jura con la mano en el corazón que no se lo vas a contar- dijo solemne.
A Susy, la menor, la nombraron secretaria. Ella debía anotar prolijamente los nombres y los números de los destinatarios de sus bromas.

Liliana sentenció compungida: - Mamá nos va a retar, Nos va a poner en penitencia hasta fin de año-
Alicia era la que más disfrutaba. De pronto dijo: -Llamemos a ver que contestan-

Y se reunieron todas en torno al teléfono con una sonrisa cómplice.
Mientras estaban tan dedicadas jugando a la manicura, Pato vio la Guía Telefónica y comenzó a ojearla buscando apellidos que le causaran gracia. Así descubrieron apellidos como Gallo, Gordo, Gavilán, Castillo, Rojo, etc. Y no paraban de reírse imaginando chistes graciosos
Las chicas estaban felices y en cierta manera se sintieron adultas.

Dejaron las muñecas e incursionaron en el tema maquillaje utilizando el rouge y las sombras para ojos que encontraron. Luego se limaron las uñas y se aplicaron distintos tonos de esmalte.
El departamento era seguro y se conocían todos los vecinos, las niñas sabían comportarse y jamás tuvieron problemas, así que estaban ansiosas por vivir una nueva experiencia quedándose solas por dos o tres horas.
La más chica era Susy, tenía once años. La más grande Alicia, tenía catorce. Lily y Pato tenían doce años.
Por esa razón, un día los dos matrimonios decidieron ir juntos al teatro y dejar a las cuatro niñas jugando en el departamento.
Alicia y Liliana eran hermanas y primas hermanas de Patricia y Susana. Las cuatro además de primas eran amigas. Les encantaba jugar juntas. Se disfrazaban, un día se convertían en cocineras, otro en maestras y otro en enfermeras. La verdad es que las cuatro primas se entretenían sin molestar y sin pelearse durante horas.
Esto ocurrió en esos tiempos.