Su marido no llegó hasta las 3 de la madrugada.
- "? Qué tal la fiesta?", le preguntó ella
- "Aburrida", dijo el
- "? Bailaste mucho?
- "La verdad", contestó el marido, "cuando llegué a la fiesta me encontré con Peter, Bill y Fred que también estaban aburridos, y decidimos meternos en un estudio a jugar al póker"
Poco antes de la medianoche, cuando es costumbre quitarse las mascaras, ella se excusó y volvió a su casa.
Al llegar a la fiesta, vio a su marido flirteando con todas las mujeres que podía. La esposa se le acercó, le susurró palabras suaves al oído, lo abrazó y lo arrastró seductóramente hacia el jardín.
Sin embargo, poco después empezó a encontrarse mejor y decidió ponerse el disfraz (que su marido no conocía) e ir a la fiesta.
Leyendas de Halloween.

Poco antes de ir a una fiesta de disfraces de Halloween, una mujer tuvo un ataque de migrañas y le dijo a su marido que fuera solo, que ella prefería quedarse en casa.
IR, ¿a qué hora es lo de la biblioteca está tarde? ¿los nuestros también pueden ir?
vamos mmj, que me tienes en ascuas.
Siento decirtelo..... pero termina así en incognita. A tú linda imaginación. Luego le dices a R. que las lea. El no estubo con las historias de miedo.
vamos mmj, que me tienes en ascuas.
Desearon que sus padres llegaran a rescatarlas y nunca los minutos les parecieron tan largos.

El teléfono negro era el único objeto que permanecía en el lugar de siempre y ninguna se animaba a tocarlo.
Pero lograron correr el sillón y se sentían a salvo.

Las dos primas se sentaron inmóviles sobre el sillón en el silencio en la oscuridad.

Canela, la gata maullaba, y como si supiera lo que estaba ocurriendo se acurrucó en los brazos de Lily, su dueña.
El sillón- susurró Alicia. Entre ambas empujaron el pesado sillón contra la puerta, pero en medio de la oscuridad reinante, los nervios y el llanto de sus hermanas menores se llevaron por delante una lámpara que se cayó explotando las lamparitas y una mesita ratona con adornos acuñados a través de los años por la dueña de casa que se desplomaron y crujieron como si se partieran mientras escuchaban el sonido del agua contenida en un florero caer sobre la alfombra.
Alicia y Pato se asomaron nerviosas a la ventana para escudriñar los departamentos vecinos mientras las más pequeñas lloraban abrazadas.

De pronto escucharon el sonido del ascensor que arrancaba. Corrieron a pegar el oído contra la puerta y corrieron la tranca. Escucharon abrirse la puerta y pasos en el palier.

Contuvieron la respiración con esfuerzo.
Lily se largó a llorar y Susana, la acompañó lagrimeando con cara de espanto.

¡Apaguen la luz! ordenó Alicia. Pato corrió a cumplir de inmediato la astuta decisión de su prima. Ahora las más chicas redoblaron su llanto.

¡Silencio! ¡Callense por favor!- les gritó Pato.
¡Hola! Gritó Alicia. Del otro lado un largo silencio y luego una voz grave y espesa le dijo susurrando: -Sé que están solas.

Alicia colgó el tubo y aterrorizada comunicó el mensaje a su hermana y a sus primas.

-Nos está mirando- balbuceó Pato
Cuando se disponían a comenzar su raid telefónico, al levantar el tubo no escucharon el característico tono sino una respiración fuerte y sonora en el auricular. ¡Hola!- Repitió Alicia y haciéndole señas a sus primas para que guardaran silencio les fue pasando el tubo para compartir el extraño sonido. Pero este, tornó en una carcajada estruendosa y desconocida. Era la voz de un hombre.