Cierto día, Mambrú (nuestro Duque de Marlborough), se encontraba enfermo. Su esposa, la duquesa de Marlborough se empeñaba en hacerle tomar una medicina de sabor increíblemente desagradable, que le había recetado su
médico, el doctor Carth. En vista de que no era capaz de hacérsela tomar exclamó la señora: