A pesar de esto, su reputación quedó destruida y su oficio proscrito, no quedándole otro remedio que desaparecer y regresar al anonimato del que había salido.
El juicio de Verónica está relacionado con este drástico cambio de mentalidad, aunque ella pudo salvarse gracias al importante número de “amistades” que había hecho entre los gobernantes de la ciudad.
Hemos de saber que pocos años antes, el Concilio de Trento había dado luz verde a la Contrarreforma, con la que los países católicos pretendían recuperar las posiciones perdidas años antes. Por ello, las conductas libertinas fueron rechazadas, las cortesanas dejaron de ser vistas con buenos ojos y se las empezó a considerar meras prostitutas
Por desgracia su buena estrella se apagó de repente, cuando en el año 1580 fue denunciada al Santo Oficio. Así, las envidias y las intrigas lograron que fuera acusada de engañar a sus clientes y de ser poco religiosa.
Prueba de su cultura fue la publicación de un libro de poemas amorosos, tema en el que era una experta, en el que muestra su elegancia y su amor por el lujo.
Así, en el año 1574, cuando el futuro rey Enrique III pasó por Venecia en su ruta hacia París, las autoridades no dudaron en presentarle a Verónica, como el mejor presente que podía ofrecerle la ciudad.
Su fulgurante éxito se debió a la ayuda de un importante mecenas, el Duque de Mantua, que quedó admirado por su enorme potencial. Porque Verónica más que bella era atractiva, y sobretodo muy culta, pues su madre le había enseñado artes y literatura. Con el Duque comienza a frecuentar los ambientes más lujosos de la ciudad, donde podía sacar a relucir su ingenio y su educación.
En el año 1572 aparecía su nombre en la lista oficial de tarifas que tenían las cortesanas de Venecia. Su precio era de tan solo dos escudos, un valor bastante mediocre, sin embargo, tan solo un año después su nombre estaba en boca de toda la ciudad.
Verónica nació en el año 1546, en la ciudad de Venecia, hija de una conocida cortesana de la que pronto aprendió el oficio.
Entonces una cortesana era algo así como una prostituta de lujo, aunque las relaciones sexuales no se producían siempre, por lo que podía parecerse más a una dama de compañía o a una Geisha.
Verónica Franco es un símbolo de la época dorada de la ciudad de Venecia, cuando una de sus damas era admirada como uno más de sus monumentos. Esa fue Verónica, la cortesana más famosa de la ciudad, cuya compañía era deseada por nobles y reyes. Para su desgracia, los tiempos cambiaron demasiado rápido, terminando con la sociedad abierta y confiada que le diera fama.
Verónica Franco, prostituta, poetisa y cortesana de lujo.
Nunca se supo quienes habían sido sus padres ni el motivo de su aislamiento en el bosque, tampoco se supo nunca como pudo sobrevivir él solo, sin ayuda, o si fue auxiliado por algún animal. Víctor se llevó todas esas respuestas a la tumba, tal vez fuera mejor así.
Víctor pudo andar erguido y hablar, expresándose con mediana corrección, pero nunca pudo integrarse con sus congéneres. Tenía un errático e impredecible, sobre todo en presencia femenina, que no pudo controlar todo el tiempo que vivió. Permaneció en el sanatorio internado durante el resto de su vida, hasta que murió cuando contaba con unos 40 años.
El doctor Itard continuó tratando a Víctor, intentando que pudiera hablar e insertarse en la sociedad, pero sus enormes esfuerzos solo fueron recompensados a medias.
No andaba erguido, sino en una extraña combinación de cuatro, tres o incluso dos patas en ocasiones, pero siempre encorvado. Extrañamente, no parecía oír los ruidos fuertes pero podía escuchar sonidos apenas audibles para otras personas, como pasos lejanos o corrientes de aire. Además observó un ensimismamiento fuera de lo normal, causado posiblemente por la falta absoluta de contacto humano anterior.