El científico consiguió probar que
la mente humana cumple,
al pie de la letra todo lo que le es enviado,
Cuando el científico cerró por completo la válvula,
el condenado tuvo un paro cardíaco y murió,
sin ni siquiera haber perdido una gota de sangre.
Con el pasar del tiempo
fue perdiendo color,
quedando cada vez más pálido.
Mientras tanto el condenado creía que
era su sangre la que estaba disminuyendo.
Cada 10 minutos el Científico,
sin que el condenado lo viera,
cerraba un poco la válvula
y el goteo disminuía.
Al cortar el pulso,
fue abierta la válvula del frasco
para que él creyese que era su sangre
la que caía en la vasija.
Sin que él supiera,
debajo de la cama había un frasco de suero
con una pequeña válvula.
Se le dijo que oiría su sangre gotear en la vasija.
El corte fue superficial y no alcanzó
ninguna arteria o vena,
pero fue lo suficiente para que él sintiera
que su pulso fue cortado.
Hicieron un pequeño corte en su pulso.
Abajo de su pulso,
fue colocada una pequeña vasija de aluminio.
El condenado fue colocado en una cama alta,
de hospital, y amarraron su cuerpo
para que no pudiera moverse.
El condenado aceptó,
pues era preferible eso
a morir en la silla eléctrica,
además tenía una oportunidad de sobrevivir.
Él tenía la probabilidad de sobrevivir,
en caso contrario, fallecería
con una muerte sin sufrimiento ni dolor.
Propuso lo siguiente:
El participaría en un experimento científico,
en el cual sería hecho un pequeño corte en el pulso,
lo suficiente para gotear su sangre.
Lo consiguió en una penitenciaría.
Era un condenado a muerte que sería ejecutado
en la penitenciaria de St. Louis,
en el estado de Missouri,
donde existe la pena de muerte
ejecutada en la silla eléctrica.
Un científico de Phoenix - Arizona - quería probar una teoría.
Necesitaba un voluntario que llegase
a las últimas consecuencias.